¿Quién domesticó a quién? La sorprendente historia de como llegó el gato a nuestras vidas
- biovet612

- 24 ago
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Cuando pensamos en el mejor amigo del hombre, el perro suele ser el primero que nos viene a la mente. Y no es casualidad: la relación entre humanos y cánidos es una de las más antiguas y profundas que existen en el reino animal.

Se estima que los lobos, los ancestros de los perros, se acercaron a los primeros cazadores-recolectores hace unos 30,000 años, y su domesticación se consolidó hace unos 15,000 años. Este fue un proceso activo, donde los humanos criamos selectivamente a los lobos más dóciles para que nos ayudaran en la caza y la protección, de manera que el perro se convirtió en un verdadero compañero de trabajo y un miembro de la familia.
La historia del gato, en cambio, es muy distinta. El gato no fue domesticado por nosotros, sino que se domesticó a sí mismo. Me explico: no necesitábamos que los gatos nos ayudaran a cazar presas grandes, para eso teníamos a los perros, pero cuando dejamos de ser nómadas y empezamos a sembrar y almacenar granos, surgió una nueva necesidad: el control de plagas y ahí es donde el gato inició su relación con la humanidad.
Un cazador solitario se unió a la revolución agrícola
La relación del gato con nosotros comenzó hace unos 10,000 años, en la Creciente Fértil. El Felis silvestris lybica, el gato salvaje africano, es el antepasado de todos nuestros gatos domésticos.
Atrevidos y oportunistas, los gatos salvajes se sintieron atraídos por esta nueva y abundante fuente de alimento: los roedores que vivían cerca de los asentamientos humanos. Los humanos, por su parte, no tardamos en darnos cuenta de lo útiles que eran estos pequeños cazadores para proteger lasvaliosas cosechas. Y así fue como inició una relación de mutuo beneficio: el gato obtuvo alimento fácil y los humanos obtuvieron un control de plagas natural y sin esfuerzo.
Coevolución: una asociación de igual a igual
A diferencia del perro, el gato nunca ha sido criado para cumplir una función específica para los humanos, al menos no en sus inicios. No se les enseñó a pastorear, a rastrear ni a proteger la propiedad. Su único "trabajo" era ser un gato: un cazador experto. Aquellos gatos que eran más tolerantes a la presencia humana y que no huían fueron los que prosperaron.
Este es un ejemplo clásico de coevolución: dos especies que evolucionan juntas, influyéndose mutuamente. Los gatos se adaptaron a la vida cerca de los humanos, volviéndose más sociables y desarrollando vocalizaciones (como el maullido) específicamente para comunicarse con nosotros. Por nuestra parte, los humanos nos acostumbrarnos a su presencia y a su comportamiento, e incluso a su estética y encanto, llegando a venerarlos en civilizaciones como la del antiguo Egipto.
El vínculo se consolidó de manera más sutil que con el perro: mientras que los perros fueron moldeados por la mano humana, los gatos moldearon su propia relación con nosotros. Su independencia, su agilidad y su naturaleza de cazador se mantuvieron casi intactas, pero su sociabilidad se adaptó a la nuestra.
El gato en la actualidad: más que un cazador de ratones
Hoy en día, el gato ha conquistado nuestros hogares y nuestros corazones. Se estima que hay más de 600 millones de gatos domésticos en el mundo. Y ya no solo son valorados por su eficacia en el control de plagas, sino como compañeros de vida.
Su compañía nos ayuda a reducir el estrés, y su ronroneo se ha convertido en una de las melodías más reconfortantes para los amantes de los gatos.
La próxima vez que veas a un gato paseando por tu casa, recuerda su fascinante historia y entenderás que no es un esclavo domesticado, sino un socio igualitario en una de las asociaciones evolutivas más exitosas de la naturaleza. Un cazador solitario que encontró su lugar en el mundo humano, sin perder su esencia.




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